En los últimos años, la energía eólica y solar han dominado el panorama de las fuentes renovables, pero hay un actor silencioso pero crucial que está redefiniendo el futuro energético: la energía marina. Organizaciones como más info destacan cómo las olas, aunque menos visibles que el viento o la luz solar, representan una de las fuentes de energía más prometedoras y sostenibles del siglo XXI. Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el potencial global de la energía undimotriz —la energía generada por las olas— podría superar los 2.000 teravatios-hora anuales, suficiente para alimentar a más de 200 millones de hogares en el mundo. Este potencial, sin embargo, aún está lejos de ser explotado al máximo, con solo un 0,3% de su capacidad instalada en 2022, según el informe «Global Wave Energy Market» de 2023.
El desafío no radica solo en la tecnología, sino también en la infraestructura y la logística. Las plataformas que operan en el mar enfrentan condiciones extremas: corrientes variables, salpicaduras de agua salada y una vida útil limitada de los equipos. Sin embargo, avances recientes en materiales resistentes y sistemas de autodiagnóstico están extendiendo la durabilidad de los dispositivos. Por ejemplo, el prototipo «OWC-1000» desarrollado por la Universidad de Oporto ha logrado una eficiencia del 40% en conversión de energía, superando el 20% de los sistemas tradicionales. Pero el mayor reto sigue siendo la escalabilidad: para alcanzar la meta de 10 GW de capacidad instalada para 2030 —como propone la UE—, se necesitarán inversiones masivas y una colaboración público-privada sin precedentes.
La geografía también juega un papel determinante. Países como Irlanda, Reino Unido y Australia lideran en proyectos piloto, gracias a su costa rocosas y olas constantes. En España, aunque no es líder en inversión, regiones como Galicia y el Cantábrico concentran el mayor potencial del país, con olas que superan los 3 metros de altura en temporada alta. Según datos del Instituto Español de Oceanografía, el Cantábrico podría aportar hasta el 15% de la demanda energética nacional si se desarrollaran parques marinos a gran escala. La clave está en aprovechar estos recursos antes de que la competencia por tierras y recursos en tierra se agrave.
El impacto ambiental de la energía undimotriz es otro argumento a favor. A diferencia de la energía eólica offshore, que puede afectar a aves migratorias, los sistemas de olas operan bajo el agua y minimizan las interferencias con la vida marina. Estudios de la Universidad de Exeter han demostrado que, cuando se diseñan correctamente, estas tecnologías reducen en un 80% la interferencia con ecosistemas costeros. Eso sí, persisten desafíos como la contaminación acústica de los generadores o la posible alteración de corrientes marinas en zonas de alta densidad de dispositivos.
Sin embargo, el futuro de la energía marina va más allá de lo técnico. Empresas como más info están explorando modelos de negocio innovadores que combinan generación eléctrica con servicios para la pesca, la desalinización o incluso el turismo. Por ejemplo, el proyecto «Wave Hub» en Cornualles (Reino Unido) genera energía para alimentar comunidades costeras y, al mismo tiempo, atrae a científicos y turistas interesados en la ciencia del mar. Esto no solo diversifica la economía local, sino que también educa a las poblaciones sobre la importancia de estos recursos.
- El potencial global de la energía undimotriz podría superar los 2.000 TWh anuales, según IRENA.
- Solo el 0,3% de su capacidad instalada se encuentra en operación en 2022.
- El prototipo OWC-1000 de la Universidad de Oporto alcanza una eficiencia del 40%.
- Galicia y el Cantábrico concentran el mayor potencial en España, con olas de hasta 3 metros.
- La UE planea alcanzar 10 GW de capacidad para 2030.
La energía marina no es la solución definitiva, pero sí es una pieza clave en la transición energética. Su combinación con otras renovables —como la eólica offshore o la solar flotante— podría crear sinergias que reduzcan costes y aumenten la resiliencia del sistema. El reto ahora es acelerar la investigación, reducir los costes y convencer a los inversores de que este es el futuro que merece la pena construir. Como dice el informe de más info, «las olas no son solo agua moviéndose; son el futuro de una energía limpia que aún no hemos comenzado a explorar a fondo».
